(Continuacion de "Los Gorriones")
-Y hoy, ¿que tal te sientes, Luisito?
-Muy bien, padre mio, y deseando que empieces ya a contarme los cuentos prometidos, aunque disfruto mucho tambien con los de madre.
- Si, ya pronto podras acostarte mas tarde. Las calenturillas van ya vencidas, por fortuna, y durante las veladasde los dias en que aun no estaras en disposicion de emprender de nuevo tus estudios, te cumplire la palabra.
Ahora calla y escuchemos a tu madre.
-Si, la escuchare muy bien. Y eso que hoy no me ha dado ni un beso siquiera....
-Vamos, zalamerillo. Toma el beso y escucha la interesante historia de un buen hijo: Dicen que estaba de aprendiz en la misma casa de comercio de donde su padre era dependiente mayor. Y andando el tiempo, el padre tuvo que hacer un largo viaje para despachar cierto asunto delicado de sus principales; y para hacerlo, tuvo que atravesar la mar, y al atravesarla, unos ladrones de mar, unos piratas, se apoderaron de el y cuanto llevaba, sin poder averiguar nadie adonde le llevaron.
-¡Pobrecillo!...¿Pero el amo del comercio no trato de saber su paradero?
-¡Ya lo creo que si! ¡Pero nada! nadie daba razon de tal hombre. Y entre tanto el rapazuelo crecia, y cada vez le atormentaba mas la idea de su desgraciado padre. ¡Pero algo le decia a el en su interior que le habia de ver de nuevo! Y asi fue: Cuando menos lo pensaba, un hombre llego a la ciudad y conto como estuvo en Argel mucho tiempo cautivo, como el padre del niño aquel fue su compañero y como, al rescatarle su familia, le habia dado el encargo de buscar a su hijo, para decirle que vivia y pensaba en su Antoñito dia y noche.
-¡Que felicidad, Dios mio! ¿Y Antoñito iria enseguida a buscarle?
-Pero, hijito mio, el viaje costaba muchisimo y el rescate tambien valia mucho. El no tenia un cuarto, y era muy pequeño para hacer viaje tan largo y peligroso. Ademas, sus principales habian venido a menos y no podian prestarle lo necesario.
-Pues lo que es yo, para buscaros a vosotros andaria el mundo entero sin una peseta.
-Tu buen corazon, que Dios bendiga, te aconseja asi ahora, pero el era ya mayorcito, y la prudencia le aconsejo mejor. Trabajo muchisimo en cuanto pudo emprender, vendio una tierrecilla que tenia de su pobre padre, y a los dos años, ya con algun dinero para el rescate, se matriculo como grumete en un barco para que el pasaje no le costara nada. Y con el alma llena de esperanza encaminose a Argel, a la casa del amo de su padre esclavo.
-¿Y llego bueno?... ¿Y libro a su padre?...
-Si; veras. El Joven llego alla y se avisto con el amo, a quien propuso el rescate. Pero le pidio tan grande cantidad por ello, que ni a la mitad llegaban sus ahorros. Antoñito lloro de corazon, y una idea grande , hermosisima, se le ocurrio: Traigo poco para lo que me pedis, señor; no he podido ganar mas para libertar a ese esclavo que es mi padre. Pero yo soy joven, tengo fuerza y os puedo servir bien; mejor que el, ya viejo. Tomad el dinero que traigo y dejad marchar a mi padre. ¡Yo me quedo en su puesto!"
-¡Que bueno, madre mia! ¿Y se lo concedio el amo?
-Mando que trajeran al esclavo, y alli hubo una escena hermosa. Ambos, abrazados estrechamente no dejaban de llorar. Por fin les dijo el dueño: "¡Ea! Podeis hacer el cambio propuesto. os autorizo para ello." Pero apenas entendio el padre de que cambio se trataba, cuando con gran energia se nego por completo a el. Le decia al hijo: "¿Pero y que me importa a mi ser libre, si tu quedas esclavo? no solo la esclavitud, sino la muerte sufriria a gusto por salvarte." Y uno y otro luchaban con noble empeño por ver quien habia de quedar.
-¿Y al hombre aquel, al amo, no le temblaba el corazon?
-¡Si, Luisito! Desde que le propuso el hijo el cambio, disfrutaba con una idea noble que se le habia ocurrido, pero quiso probarles. Al fin dijo: "Basta, basta de angustias, joven generoso. Eres el muchacho mas honrado y el mejor hijo que yo he conocido. Quiero premiar esos nobles sentimientos de tu alma. Marchaos los dos; estais libres. Toma el dinero que traias, y, ademas, este otro. Con todo ello podeis instalar una casa de comenrcio. ¡Que el cielo os haga tan felices como mereceis! ¿Adios, adios!..."
-¡Esta historia si que me ha interesado, madrecita! Asi debiamos ser todos los hijos, ¿verdad?
-Puesto que te gusto El Buen Hijo, alla va otro que te probara lo que debe ser....
(Continuara.....)
Recogido del Libro:
"PARA MI HIJO"
"Libro Primero de Lectura
Para Niñas y Niños"por
MATEO BUSTAMANTE
52 Edicion- Burgos, 1958